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Por
Betania Cohen, corresponsal chilena para Alimentacion-Sana.org
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la década de los noventa, es un fenómeno
cada vez más notorio. Casos de bulimia
y anorexia aumentan 97% en últimos
años en Chile. |
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Buen
rendimiento escolar y una conducta perfeccionista eran
ragos opacados por los sobrenombres que en el colegio
recibía por su aspecto físico. Decidida
a cambiar, hizo de la restricción de alimentos
y ejercicios una rutina. Pero en vez de eliminar poco
a poco las cosas que según su perspectiva engordaba,
casi no comía. Así, en poco tiempo su
peso era el mínimo para su estatura.
La
historia es ficticia, pero no necesita más antecedentes
para señalar que alude a un caso de anorexia,
similar a muchos otros que han causado tragedias familiares
y que cada vez resultan más cotidianos.
Según
cifras del Minsal, el número de pacientes en
control por esas enfermedades en el Programa de Salud
Mental aumentó en 97%.
Con
presencia mayoritariamente femenina, estos cuadros son
un problema creciente en la población joven:
los pacientes en tratamiento entre los 10 y 19 años
subieron 115 %, pasando de 794 a 1.706.
Orientación
del tratamiento
Fue
hace 20 años que en Chile estos cuadros comenzaron
a ser más evidentes, explica Pablo Arancibia,
siquiatra de Clínica Dávila. Desde entonces,
el tratamiento ha variado del enfoque exclusivamente
nutritivo, a un tratamiento multidisciplinario con nutricionistas,
médicos internistas, sicólogos y siquiatras.
"Hace dos décadas, frente a las pacientes
con anorexia se buscaba alimentarlas a cualquier costo.
De la bulimia había pocos estudios y tratamientos
que mostraran eficacia; era poco lo que se podía
hacer por los pacientes", dice Arancibia.
La
orientación se modificó en los años
noventa, indica Patricia Cordella, jefa de la Unidad
de Trastornos de Alimentación de U. Católica:
"Nos dimos cuenta que lo importante era intervenir
en el modo en que estas mujeres eran cuidadas. Y eso
es muy complejo, ya que incluye focalizarse en la familia
y en el grupo de pares que rodea al individuo".
Actuar
antes de que estas personas experimenten grandes bajas
de peso, aclara Cordella, es otro cambio: 60% de las
pacientes mejora si es tratada en los inicios de su
trastorno y sólo un 30% no lo logra.
Adicionalmente,
hay más registros de las enfermedades, mayor
número de consultas precoces y mejor diagnóstico
médico.
Sin
embargo, las mismas pacientes están más
preparadas para resistir la terapia, sostiene el siquiatra
de Clínica Dávila: "Entre ellas se
dan recetas de cómo bajar de peso o cómo
engañar a su entorno, entre mucha otra información
que les da más herramientas para fomentar la
enfermedad".
La
distorsión de la imagen y los prototipos
Pese
al impacto de casos como el de Carolina Reston (21),
modelo brasileña que murió por complicaciones
de su delgadez extrema de 40 kilos y 1,74 cms. de estatura,
o la historia de Andrea Carrio, viñamarina de
17 años que falleció por un paro cardiorrespiratorio
que la afectó mientras pesaba menos de 40 kilos
-insuficientes para su estatura de 1,65 mts.-, el prototipo
de una apariencia casi esquelética se extiende
cada vez más entre las adolescentes, advierte
Daniela Nicoletti, sicóloga del Hospital Clínico
de U. Católica. Razón que estaría
detrás del alza de estas enfermedades.
La
tendencia últimamente también se aprecia
en hombres, dice Minoletti: "Al parecer, está
de moda andar vomitando y las dietas extremas para bajar
de peso. Irónicamente, a veces esto hace que
los menores sean bien mirados por sus pares".
Los
jóvenes, sostiene el siquiatra Pablo Arancibia,
se ven sometidos a excesiva rigidez en términos
estéticos, "lo que no deja espacio para
situaciones alternativas, fomentando la descalificación
si hay alzas de peso. Los niveles de tolerancia son
muy bajos".
Si
a esto se suman las exigencias sociales de ser exitosos
en todas las áreas de la vida, añade Minoletti,
la combinación muchas veces es fatal en jóvenes
con personalidad autoexigente. "En general, son
muchachos que les va muy bien en el colegio y que no
aceptan equivocarse", asegura.
Conclusión
Alberto
Minoletti, jefe del Departamento de Salud Mental de
la Subsecretaría de Salud Pública, del
Ministerio de Salud, explica que pese al aumento, éste
aún no es significativo como para que la anorexia
y la bulimia sean consideradas prioridad en salud. Enfermedades
más relevantes en salud mental actualmente son
la depresión o esquizofrenia, por afectar a una
magnitud mayor de población.
Sin
las tasas de países como Argentina, donde una
de cada 10 adolescentes sufre estas patologías;
en Chile "no hay programas nacionales ni recursos
específicos asociados a este tema, pero no significa
que no exista respuesta en estos casos", asegura
Minoletti. Las cifras de trastornos alimentarios están
en observación constantemente para determinar
si constituye un problema relevante dentro de la población,
advierte. |