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La rebelión del Slow food
Subtítulos
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La gastronomía con conciencia
El caracol camina por Chile
Educar y educarse
La antítesis de la comida rápida cada vez suma mas adeptos en Chile.
Ya sea de pie ante un asador o sentado en un lujoso restaurante, comer es una de las actividades imprescindibles de la vida. El estrés, la falta de tiempo y la proliferación de productos poco saludables imperan en una sociedad donde las prácticas alimenticias y los hábitos de los consumidores varían constantemente.
Los horarios de la mayoría de las oficinas, los escolares y los trabajos en general obligan a dedicarle menos tiempo del debido a ese maravillo placer que es comer, convirtiendo para muchos la alimentación en un mero trámite.

Papas fritas, hot-dog, hamburguesas dobles, gaseosas y los infaltables aderezos…La comida “rápida” o fast food se encuentra cada vez más instalada en la cultura como el símbolo de la globalización y estandarización de la comida, que la mayor parte de las veces, cae como una bomba en el estómago no sólo por el tipo de nutrientes que aporta, sino también por las condiciones en que se consume.

Contrario a esto, Slow food busca incentivar el placer por la buena mesa y la recuperación de las viejas tradiciones, contrarias al frenesí de la vida moderna.

La gastronomía con conciencia

Slow Food es una organización nacida en 1986 como respuesta a la invasión homogeneizadora de la “fast food” y al frenesí de la vida moderna. Hoy en día, agrupa a más de 80 mil personas en 104 países. Su meta: proteger la cultura gastronómica, la biodiversidad y los productos tradicionales en riesgo de extinción.

Este movimiento promueve la Eco-gastronomía. La gastronomía vinculada a las tradiciones del territorio, donde se protegen las materias primas que actualmente están desapareciendo. El compromiso ecológico de la mano de la buena cocina y del placer alimentario. Ese fuerte compromiso con la sostenibilidad implica practicar una agricultura menos intensiva y más limpia, defender la biodiversidad alimentaria, la cocina familiar y el patrimonio gastronómico de las regiones.
Algunos de sus objetivos principales son los de recuperar y catalogar sabores olvidados. Preservar un ambiente, recuperar una receta y regalar un placer al paladar.

Por eso, la silueta sencilla de un caracol en el logo de la entidad: lento, pero seguro. Todo lo que sea rápido y estándar queda de lado.

El caracol camina por Chile

Chile no está ajeno a este fenómeno. Desde el año 2003 el chef y sommelier Francisco Klimscha es el representante de Slow Food en nuestro país. Miembro del capítulo chileno de Les Toques Blanches, una asociación de chef internacionales que tiene entre sus objetivos difundir la gastronomía nacional, Klimscha vio en Slow Food un anillo perfecto para su dedo.
Desde entonces, ha trabajado -junto a Slow Food Chile- por presentar un conjunto de alimentos chilenos a la sede internacional y la fundación del movimiento.

Para Klimscha que Slow Food esté en Chile es importante porque “permite un reconocimiento internacional y local a los alimentos de distintas comunidades de nuestro país, a la vez que le da valor a sus productores: campesinos y comunidades indígenas”.

Producto de estas gestiones se logró la incorporación de cinco productos locales a la categoría de presidium o baluartes: la frutilla blanca de Purén, los huevos azules de la Araucanía, el merkén de la Araucanía, los recursos pesqueros de Isla Robinson Crusoe, Juan Fernández, y las ostras de borde negro de Calbuco. Ellos se suman a otros miles de productos únicos de cada país del mundo, que tienen un impacto económico a través de la gastronomía y que deben ser salvados de la extinción.

De hecho, gracias a los socios que tiene este movimiento, el año pasado viajaron 28 campesinos y pescadores a Italia para intercambiar experiencias y estrechar lazos comerciales.

“Nuestra idea no es plantear que la comida rápida sea mala o terrible. El promedio en que se consume es lo malo. Porque si estoy obligado a comerla en la semana por plata y tiempo, entonces el domingo no me voy a un Mc Donalds o me compro un pollo asado en el supermercado. El cuento del slow food en Chile no pasa sólo por los productos que nosotros destacamos a nivel internacional, pasa por los porotos con riendas, los calzones rotos, las sopaipillas pasadas, las humitas, la cazuela, una serie de elementos que tenemos en el país y que la gente está olvidando”

El sommelier criollo indica que también hay un tema cultural en las opciones culinarias y no sólo económicas. “La gente ha perdido el gusto de comer en familia, algo casero, sin televisión y sin Coca Cola ¿Por qué tomar gaseosas y hacer tanto gasto mensual en bebidas de fantasía si hay agua, que es mucho más sana?”, se pregunta.

También reconoce que el uso de más productos chilenos en restaurantes criollos ha pasado más por un fenómeno de moda gastronómica que por un cambio en la mi rada. “Desgraciadamente en los restaurantes esto ha estado ligado a un fenómeno de moda. Los alimentos nacionales tienen que llegar a un gran restaurante para que sea noticia.

Y la idea no es esa. El objetivo es que más allá de las modas gastronómicas pasajeras, se busque individualizar la comida chilena ¿Y qué mejor que con nuestros productos, que son tantos y únicos?”.

Educar y educarse

Básicamente es educación alimentaria y del gusto; en la degustación como experiencia formativa y de conocimiento; en el aprendizaje de las técnicas productivas de los alimentos. Con este fin, Slow Food organiza programas educativos a todos los niveles y para todos: para los niños y sus profesores, para los socios de todo el mundo y para quien desee participar en los eventos del movimiento.

Si estás interesado a nivel profesional en esta materia, Slow Food Internacional cuenta con La Universidad de Ciencias Gastronómicas, un polo universitario único en el mundo. Las dos prestigiosas sedes universitarias de Pollenzo y Colorno en Italia, acogerán a estudiantes de todo el mundo. Pero también habrá espacio para los socios y los profesionales del sector alimentario: master, conferencias, encuentros, cursos breves.

Ejemplos de actividades que puede organizar un Convivium Slow Food:

  • Creación de School Gardens (huertos escolásticos) en colegios de enseñanza primaria.
  • Excursiones con niños a mercados de productores, fincas agrícolas o criaderos.
  • Degustaciones para niños en colegios. Cenas, loterías, etc.
  • Todo ello al fin de recoger fondos para los Baluartes de Slow Food en países en vías de desarrollo
  • Cenas y degustaciones de los productos del Baluarte, invitando a los productores a conocer a los socios y/o la prensa local, etc.
  • Clases de cocina y cursos de degustación (articulados en 3-4 clases) sobre quesos, pan, carnes sazonadas o ahumadas, vinos etc.
  • Degustaciones comparadas de diferentes cocinas nacionales: quesos o fruta con vino, puros con brandy, salsas con pasta, especias con carne, etc.
  • Clases, debates, seminarios y conferencias sobre productos alimenticios.

En Chile podemos acceder a la organización en http://www.slowfoodchile.cl

¡Infórmate!

 

   
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