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La Dieta Mediterránea...¿también chilena?
Subtítulos
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¿Por que se relaciona esta alimentación con Chile?
Adaptación chilena
Alimentos característicos
La forma de cocinar también cuenta

Diversos estudios han comprobado los beneficios de esta dieta; su incorporación a los hábitos alimenticios de los chilenos genera una clara oportunidad para mejorar la alimentación y la salud.

Las dietas mediterráneas se definieron como saludables en base a las bajas tasas de mortalidad cardiovascular y altas expectativas de vida en los países con este tipo de clima. Esta iniciativa tiene como objetivo promover el consumo de productos agroalimentarios nacionales -que forman parte de las Dietas Mediterráneas-, sobre la base de estudios científicos que demuestran sus beneficios para la salud humana.

Estas costumbres alimenticias son comunes en los 16 países que bordean el mar mediterráneo, en especial, Grecia, Malta, Albania, Italia y España. ¿Las características principales de esta Dieta?: un alto consumo de vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y otros cereales), el aceite de oliva como grasa principal, un mayor consumo de aves y pescado que de carnes rojas, y el consumo regular de vino en cantidades moderadas.

Sus cualidades han llevado a que ésta sea considerada uno de los modos de alimentación más saludable, en cuanto a mantener una mejor salud en enfermedades cardiovasculares y de otras relacionadas con la alimentación hasta -según científicos estudiosos del tema- señalar que quienes practican estos hábitos viven más que quienes no lo hacen.

¿Por que se relaciona esta alimentación con Chile?

En 2001, la OMS dio a conocer el concepto de expectativa de vida saludable, a diferencia de la expectativa de vida, a secas, que se conocía hasta entonces, y desarrolló el índice DALE (Disability Adjusted Life Expectancy), que se refiere a la expectativa de vida ajustada por discapacidad, pues resta cierto número de años, de acuerdo con las enfermedades prevalentes en cada país.

Según este índice, Francia, España, Italia y Grecia, países que comparten el patrón de alimentación mediterráneo, tienen expectativas de vida bastante altas; mientras que Estados Unidos, cuya dieta caracteriza la dieta occidental.
Chile tiene el DALE más alto de América Latina (68.6 años), incluso superior a Cuba (68.4 años), que con la expectativa de vida tradicional siempre estaba en el primer lugar; mientras que el de Argentina, nuestros vecinos, es sólo de 66.7 años.

Chile también está mejor que Argentina. Aunque los decesos por enfermedades cardiovasculares son la primera causa de fallecimiento en ambos países, la tasa de mortalidad por estas patologías, en Chile, es de 164 muertes por 100.000 personas, mientras que en Argentina es de 277 (tasas de mortalidad ajustadas por edad en 1995, OPS). Chile tiene una dieta en muchos aspectos similar a la mediterránea.

Sin embargo, al igual que otros países, sus hábitos alimenticios tradicionales se encuentran amenazados por cambios culturales: por el boom de la comida rápida, pero también, porque se intenta simplificar y acelerar cada vez más la preparación (se hacen menos guisos y comidas que requieren tiempo de elaboración). En nuestro país, la dieta tradicional ha estado compuesta, principalmente, de cereales (entre los cuales se destaca el pan), carnes (con un alto consumo de pollo), papas y altas cantidades de legumbres (básicamente, porotos y lentejas). Nuestros guisos tradicionales como el charquicán, la cazuela de ave, el caldillo de congrio, los porotos granados, los porotos con riendas, el tomaticán y tantos otros, sin duda, se encuentran dentro del paradigma de las dietas mediterráneas, por su composición y por su forma de preparación. Nuestras ensaladas, como la de tomate con cebolla y la de apio con palta y nueces también son parte de nuestra tradición, al igual que los pebres. El consumo de vino ha estado presente en nuestra cultura alimenticia, pese a que ha disminuido de 40 lts. al año por persona en 1980 a 15 lts. al año en 2000

Adaptación chilena

Considerando los hábitos alimenticios y nutricionales de los chilenos, se comentan las similitudes entre la dieta chilena y la mediterránea, dado que las cantidades de cada alimento que se consumen en Chile están dentro de las variaciones propias del patrón de alimentación mediterráneo, excepto el alto consumo de azúcar.

El alto consumo de azúcar esta relacionado directamente con los problemas de obesidad de nuestra población. “Consumimos 80 litros al año por persona de bebidas gaseosas (excluyendo las aguas minerales) en promedio una lata de bebida al día que contiene 40 gramos de azúcar, es decir, ocho cucharadas chicas. Un record mundial junto a un par más de países, del que no nos podemos enorgullecer” señala el investigador Federico Leighton de la Universidad Católica de Chile.

Asimismo, aunque el consumo de aceite de oliva es bajo en nuestro país, las estadísticas muestran un aumento de su uso en Chile. “Como contraparte, agrega el investigador, Chile es productor y consumidor de paltas. Dado que éstas son una excelente fuente de grasas monoinsaturadas y antioxidantes, compensamos así, en parte, el bajo consumo de aceite de oliva”.
Respecto de las voces que advierten del alto costo de este tipo de dieta, Leighton explica que en el caso de Chile, “los alimentos mas abundantes en esta dieta son los productos de origen vegetal, como frutas, verduras y legumbres, productos que no son caros en nuestro país. Claramente el consumir legumbres en vez de carne es más económico”.

Nuestro país debe incentivar el consumo de frutas, verduras y legumbres, aumentar su consumo de pescados y mariscos, a al menos dos veces por semana; limitar el consumo de leche a descremada y productos fermentados, sin azúcar; disminuir el consumo de azúcar y bebidas azucaradas; y volver a los que han sido nuestros guisos y ensaladas tradicionales.

Esta dieta es posible aplicarla, ya que la dieta mediterránea no es una dieta especial, la clave está en la frecuencia en el consumo de los distintos alimentos y en las formas de prepararlos.

Otro punto a favor de incorporar estos hábitos entre los chilenos se debe a que Chile posee un clima y una agricultura mediterránea. Lo que deberíamos hacer sería aumentar el consumo de pescado y legumbres, y bajar las carnes rojas. En cuanto a la forma de cocinar, se usan guisos en los cuales comidas chilenas como los porotos granados, los caldillos de pescado, tomaticán, cazuelas y tantos otros, caen dentro de la forma de cocinar a la mediterránea. El clásico sofrito, cebolla y tomate, que puede llevar ajo, perejil, pimiento y condimentos variados, es la base de estos guisos.

Alimentos característicos

Si bien las dietas mediterráneas incluyen una gran variedad de alimentos y la moderación en su consumo, los componentes fundamentales y los hábitos alimentarios propios de estas dietas son:

  • Frutas y verduras en abundante cantidad.
  • Alimentos frescos mínimamente procesados.
  • Aceite de oliva como principal fuente de grasa.
  • Cereales integrales a diario, principalmente, pan y pastas.
  • Legumbres, semillas, nueces y frutos secos, diariamente.
  • Productos lácteos, principalmente fermentados, tales como el yoghurt y el queso consumidos todos los días, en moderada cantidad.
  • Huevos: 1-4 por semana.
  • Pescado: consumo moderado (2-4 veces por semana).
  • Ave: consumo moderado (2-4 veces por semana).
  • Carnes rojas: consumo en pequeña cantidad o algunas veces al mes.
  • Vino: consumo moderado (1 a 2 copas al día) y en forma regular, principalmente, con las comidas.
  • Uso habitual de especias y condimentos variados como limón, vinagre, ajo, hierbas aromáticas, menta, orégano, canela, etc.

La forma de cocinar también cuenta

La mayonesa de los griegos se prepara con la yema del huevo o el huevo entero, aceite de oliva y jugo de limón (el jugo de un limón por cada yema). Se puede ver la sabiduría de los griegos. El jugo de limón provee de vitamina C, flavonoides y otros antioxidantes para prevenir la oxidación de los ácidos grasos y el colesterol de la yema del huevo. Esta salsa a menudo se usa con vegetales como alcachofas, espárragos, apio, brócoli o coliflor, todos ricos en fibras, que disminuyen el nivel de colesterol en la sangre y protegen de cáncer al colon. La base de los guisos griegos se prepara salteando, en aceite de oliva, cebolla, ajo, perejil, menta, orégano y tomate, fresco o en pasta. Esta receta contiene 8 ingredientes que constituyen un balance de ácidos grasos provenientes del aceite de oliva (ácidos grasos monoinsaturados) y de las hierbas de hoja verde (ácidos grasos omega-3); y una fuente de antioxidantes (vitamina C, vitamina E, vitamina A, beta-caroteno, licopeno y polifenoles), potasio, calcio y magnesio, provenientes de casi todos sus constituyentes. A este "cocktail de antioxidantes" balanceado en ácidos grasos omega-6 y omega-3, se le pueden agregar zapallitos italianos, papas, berenjenas, carne, pescado o porotos. Las dietas mediterráneas se basan en gran variedad y moderación. Esta forma de cocinar tiene la ventaja de usar diversos alimentos juntos, los que proveen vitaminas y minerales; es baja en ácidos grasos saturados y omega-6; y muy rica en monoinsaturados, omega-3, antioxidantes y fibra.

Conclusiones

Es necesario aumentar el consumo actual de frutas (que es aproximadamente de 1½ fruta por día) y verduras a por lo menos 3 frutas diarias y verduras 2 veces al día (almuerzo y comida). Se debe aumentar el consumo de productos del mar a una ingesta entre 2 y 3 veces por semana, e incorporar activamente los cereales y leguminosas en la dieta. Lo mismo debe hacerse con el aceite de oliva o canola (que también tiene un alto contenido de aceites monoinsaturados), que deben ser usados como los aceites de preferencia. En este aspecto, llama la atención que en Chile, por mecanismos regulatorios y comerciales, es probable que canola vaya desapareciendo como cultivo.

Es importante el papel de la industria, que debe ejercer un rol facilitador mejorando el mercadeo de los productos claves. De ésta manera podremos, paulatinamente, mejorar nuestra dieta haciéndola más saludable.
Esta dieta, una variante chilena de la dieta mediterránea, debe ser promovida y defendida de modas pasajeras y del embate cultural que recibe un sector clave de la sociedad chilena como son los jóvenes.

 

   
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