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| El
acceso a las bebidas alcohólicas
es cada vez más fácil; circulan
como agua o gaseosas. En esta guia un psicólogo
nos ofrece claves para que tanto los padres
como los niños y adolescentes puedan
enfrentar el problema. |
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Problema
que involucra a padres e hijos.
Hoy los niños y niñas están más
expuestos al consumo de bebidas alcohólicas.
Es por eso que resulta fundamental que los padres hablen
del tema cuando sus hijos tienen unos 12 años,
ya que a esta edad son muy vulnerables a las influencias
del medio y de sus amigos, pero también aún
son muy receptivos a la educación de su familia.?
Los jóvenes no están preparados ni física
ni sicológicamente para decidir qué, cuánto
y cómo beber. Desde la perspectiva de la salud
mental un consumidor responsable es aquel que ya tiene
18 años. Es básico retardar al máximo
la ingesta, señala Verónica Pérez
Villamil, psicóloga de la Pontificia Universidad
Católica de Chile y docente de la Facultad de
Sicología de la Universidad del Desarrollo.
¿Como comenzar?
A la hora de enfrentar el flagelo que supone el consumo
de alcohol en los jóvenes, los padres, comprensiblemente
angustiados, alarmados y, en ocasiones, tan vulnerables
como sus hijos, buscan soluciones que, además
de no resolver la cuestión, pueden prolongarla
o incluso agravarla.
El psicólogo Miguel Espeche, especialista en
adicciones, desaconseja el exceso de control y autoritarismo,
y recomienda dialogar, transmitir valores y, sobre todo,
ofrecerles a los hijos un modelo de vida satisfactorio
y saludable que ellos quieran reproducir cuando sean
adultos.
10 Conceptos indispensables
1. A qué responde el consumo
El consumo de alcohol en los adolescentes surge como
consecuencia de una lejanía emocional entre padres
e hijos, es decir, una crisis que abarca al “sistema
familiar en su conjunto” y que en los hijos se
manifiesta mediante un consumo a veces abusivo, dice
el psicólogo Miguel Espeche.
2.
Cómo prevenir que tomen alcohol
Es aconsejable revisar los vínculos y promover
valores de vida genuinos: afecto, amistad, libertad.
Esto fortalecerá al joven y evitará que
adquiera “principios masificados” y, por
lo tanto, que consuma. No mostrarse temerosos, hablar
del alcohol sin alarmismo. Cuando los hijos perciben
miedo en los padres, lo que terminan por pensar es:
“Esto es algo mucho más poderoso que lo
que me han inculcado, que mis valores”, afirma
el especialista. Entonces sienten el deseo de consumir
para desafiar esa autoridad.
3.
Autoritarismo, no
Hay que revisar los lazos con los hijos, pero también
los que existen entre los padres. El especialista destaca
la importancia de ofrecer un buen ejemplo, ya que los
jóvenes beben porque la realidad, tal y como
se la han transmitido sus progenitores, los angustia.
Consumir es su manera de rechazar lo que observan en
casa. Si el hijo ve a sus padres llevar una vida artificial
y consumista, querrá experimentar por sí
mismo “sentimientos más plenos”,
y lo hará a través del alcohol y de la
euforia a la que invita el fin de semana. Una actitud
extremadamente férrea o autoritaria es inútil,
según Espeche, ya que no ataca la raíz
del conflicto, que, en opinión del especialista,
incumbe y perjudica a todos los miembros de la familia.
4.
Cómo actuar a la hora de la salida
“Es fundamental confiar en la educación
que se les ha dado a los hijos y hacer uso de la intuición
y de los criterios propios, ya que suelen ser los adecuados,
sostiene el especialista. Si el padre o la madre intuyen
que esa noche, por el motivo que sea, es mejor que el
hijo se quede en casa, es recomendable hacer caso a
lo que la conciencia dicta –dice Espeche–.
Si vemos a nuestro hijo desestabilizado o, lo que es
más importante, inmaduro para afrontar adultamente
la noche, es mejor que se no salga.”
5.
Cómo y dónde buscar ayuda
Hablar con otros padres para reforzar los criterios
y sentirse acompañado resulta primordial. Esto
ayudará a aumentar la autoridad, ya que es normal
que los padres se cansen de poner límites. Espeche
recomienda también charlar con los profesores
o autoridades de la escuela, no sólo para descubrir
otras manifestaciones del problema, sino como una herramienta
más para abordarlo. “En casos extremos
es necesario acudir a un profesional, pero éstos
suelen ser una minoría. Si se actúa pensando
que el problema es más serio de lo que realmente
es, se termina por agraviar a los hijos que están
sanos”, explica.
6.
Un padre sereno es un padre sabio
Hay que ayudar a los padres sobre todo; sólo
así el hijo recibirá una mejor atención.
“Si están angustiados, no actuarán
de forma sensata”, señala Espeche.
7.
Buscar el problema “adentro”
“Para muchos padres es más fácil
buscar las causas del consumo afuera que detectar y
solucionar el problema que seguramente existe en el
hogar –afirma el psicólogo–. Los
padres a menudo se vuelven controladores, pero esto
no es sino una forma de no responsabilizarse de lo que
sucede.”
8. Mostrar cierta autoridad
Es conveniente, hasta la mayoría de edad, mostrarles
a los hijos algún signo de autoridad para que
se den cuenta de que aún no son adultos, pero
esto debe hacerse, recuerda Espeche, con “serenidad”.
También para que se sientan cuidados, acompañados
y tenidos en cuenta.
9. Los hijos como espejo de los padres
“Los hijos ponen de manifiesto la autenticidad
de los padres, son su reflejo –analiza Espeche–.
El problema surge cuando los chicos rechazan la manera
de ser y de vivir de sus mayores. Es en ese “no
quiero ser como ellos” que muchos se vuelcan al
alcohol. No quieren crecer, huyen y se niegan a formar
parte de un mundo cuyos fundamentos no comprenden ni
comparten.”
10.
No “dejarlos sueltos”
Es importante que el hijo no se sienta abandonado. Algunos
padres confunden la libertad con “dejar suelto”,
que no es lo mismo. Si el joven no tiene o no siente
esos límites en casa, los buscará afuera,
en el alcohol, al tiempo que intentará poner
a prueba a sus progenitores. |